Ellas
Aunque estamos cercanos al fin del milenio, a algunas mujeres se les hace difícil aún expresar libremente sus necesidades y deseos sexuales. Suelen desconocer el funcionamiento de su propio cuerpo y del cuerpo de su pareja.
Esa decisión, fingir su orgasmo, las alivia momentáneamente, ya que no quedan "mal" ante su pareja. Sin embargo, con esa decisión se están impidiendo a sí mismas el poder realmente alcanzarlo.
El orgasmo femenino se aprende. Para hacerlo es necesario que la mujer sepa diferenciar sus diversas sensaciones genitales y qué tipo de estímulo, con qué ritmo e intensidad necesita específicamente.
La mujer que finge, no confía en su pareja. La confianza es indispensable para poder transmitir su especificidad personal. Así, el orgasmo empezará a llegar espontáneamente.
Además, es importante tener en cuenta que una vez que comenzó la mentira se suman dos problemas: no alcanzar el orgasmo y el haber sostenido un engaño -muchas veces durante años-.
Ellos
La respuesta sexual -tanto en varones como en mujeres- se compone por tres fases básicas: el deseo, la excitación y el orgasmo. En ese sentido, a diferencia de la mujer, el hombre está apresado por su particular anatomía. Veamos las diversas posibilidades fase por fase:
En cuanto al deseo, como es fundamentalmente emocional, la compañera no puede controlar si su pareja la desea o no aunque actúe como que sí. En esta fase el varón puede fingir. Sin embargo, aquellas mujeres perceptivas y preocupadas por conocer a sus compañeros podrían llegar a notar sutiles o gruesas diferencias entre unas actitudes y otras.
La excitación es el punto flaco del varón, ya que se produce un mecanismo fisiológico que lo pone en evidencia, el pene se erecta o no. En esta fase el varón no puede fingir. Esto no significa que necesariamente ese varón no tenga deseo; las posibilidades de no tener erección se deben a factores diversos que analizaremos en otra nota.
En última instancia, el centro fundamental de la compatibilidad sexual de una pareja está dada por la comunicación. Poder compartir con la pareja los gustos y deseos así como los problemas y sufrimientos, los une y les da la posibilidad de resolver los conflictos.
Una dificultad sexual no es vergonzante, sólo requiere de la toma de conciencia personal, de la comprensión y colaboración de la pareja y del querer realmente solucionarlo pidiendo ayuda al especialista.


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